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El Santuario de Chipiona en el siglo XX

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Virgen de Regla


  El impulso definitivo del santuario arranca con la llegada de los franciscanos en 1882, y dada las necesidades cada vez más imperiosas para dar culto a la Patrona de Chipiona, provocan que la reducida ermita sea insuficiente para atender la masiva afluencia de peregrinos. Será a fines del siglo XIX, concretamente en 1889, cuando aquélla comience a transformarse en una amplia iglesia. El proyecto inicial de esa reconstrucción tarda en hacerse realidad ante el elevado coste de las obras. Así, hasta el 1904 no se derriba el viejo santuario y se coloca la primera piedra del nuevo, que estará finalizado, salvo el campanario, en 1906. El estilo elegido es el neogótico.

Del 1942 data la construcción del Seminario y del 1947 la renovación del Humilladero, que nos recuerda la legendaria aparición de la Virgen de Regla.

Aspecto exterior de la iglesia.

En esta imagen se aprecia la portada que en la antiquedad daba entrada al Monasterio     Agustion en 1.492, y aún se conserva en la actualidad.Ya hemos comentado que sustituye a la medieval y que sus obras se realizaron entre 1904 y 1906. Las trazas se deben a Fr. José Rodríguez y al arquitecto Antonio Arévalo.

El estilo elegido para la reconstrucción fue el neogótico. Se trataba de un anacronismo por las fechas de construcción, pues este estilo hizo furor en Europa entre 1830 y 1875 y fue sustituido en muchas regiones por el Modernismo. Para la Orden franciscana debió parecerle más en concordancia con el espíritu religioso.

Esto suponía la renovación de los principios del gótico y lo que ello conllevaba: cierto carácter romántico y, sobre todo, una vuelta a la fe y espiritualidad medieval perfectamente representadas en ese estilo con su predominio de la verticalidad. Suponía también una corriente histórica surgida como alternativa al neoclasicismo, especialmente en edificios religiosos.

Como características de este neogótico aplicables al santuario de Regla destacamos éstas: intentos de fusionar la belleza formal con la lógica constructiva, un aire noble y transparente aún a costa de perder fuerza creadora, la imitación de elementos arquitectónicos y decorativos, a veces sin necesidad estructural, entusiasmo por el arco apuntado, tracerías, nervaduras, rosetones, agujas, .. etc., de raigambre góticas.

De sus fachadas sobresale la oriental, correspondiente a los pies del templo. En ella destaca, imponente su portada compuesta por tres calles verticales.

Además de estas dos calles, la componen también dos cuerpos horizontales. Todos los elementos compositivos y ornamentales recuerdan, como decimos al gótico: arcos ojivales en puertas y ventanas, gablete central en aquélla, rosetón, contrafuertes con pináculos y agujas, etc. Destaca airosa la torre campanario con campanas entre vanos apuntados y remate piramidal calado.

En las fachadas laterales sobresalen los contrafuertes y sus pináculos entre las nueve ventanas geminadas abiertas sobre las naves laterales. El ábside repite el mismo esquema arquitectónico de macizos y vanos y la austeridad ornamental del resto.

Del exterior, además de la iglesia, conviene citar en la sencilla fachada oriental del monasterio propiamente dicho la portada compuesta por dos pilastras y una cornisa enmarcando el vano de medio punto que sirve de ingreso. Sobre ésta, la inscripción de "Año 1889" y el escudo franciscano.

En esta otra imagen podemos observar la actual portada que da acceso al Monasterio.

Su interior

Pasando a su interior, observamos que se trata de un templo de tres naves, con la central más ancha y alta que las laterales. En su alzado destacan los pilares fasciculados que soportan los nervios de las bóvedas de crucería en las tres naves. El presbiterio se cubre con bóveda sexpartita mediante 4 arquillos apuntados que comunican ésta con las tribunas colocadas sobre las naves laterales aprovechando las diferentes alturas entre ambas. Todo el espacio interior de la iglesia se encuentra compartimentado en tramos, ocupando los dos traseros la entrada por los pies y el coro alto.

Todos los retablos, altares e imágenes veneradas son actuales, de escaso merito artistico y gran devoción popular. Debemos hacer, no obstante, un par de excepciones: la talla del Sto. Cristo de la Humildad y Paciencia, y por supuesto, Santa María de Regla, que preside el altar mayor del santuario.

Las vidrieras repartidas por toda la iglesia son de los años 50 de nuestro siglo y representan imágenes marianas bajo distintas advocaciones. Destacan también dos barcos lampareros de plata ante el altar mayor y un organo de 21 registro en el coro alto.

El camarín decorado de pinturas neobarrocas al fresco, el adamascado de los muros, algunos jarrones japoneses y los cuadros alusivos a la legendaria aparición de la Virgen de Regla, debidas a Juan Laffita, pintado en 1933.

 

 
Crónica de Chipiona